... a galletas de encaje


Estas galletas no existirían si no se hubiese celebrado una boda, la de Cris y Agus, una encantadora pareja, que se casó el 1 de septiembre y que estoy convencida será muy feliz.

Cuando recibí el encargo de hacerlas, la verdad es que me preocupé un poco, pues me pareció una gran responsabilidad. Las galletas iban a ser una sorpresa, en cuanto a su diseño, por lo que el riesgo de hacer algo que no les gustase, era más grande.

Hacía ya algún tiempo que descubrí el encaje de azúcar de SugarVeil y desde el momento que lo ví, supe que tenía que hacerme con él y qué mejor ocasión que ésta para probarlo.

Claro que como todas las novedades, también es un riesgo probar por primera vez y para una ocasión tan especial, algo que no has utilizado nunca.

Todo el mundo sabe que es mejor no experimentar algo nuevo cuando tienes invitados, sino que es preferible realizar lo que ya conoces y sepas que te sale bien. Más que nada para evitar imprevistos.

Pues bien, eso no suele funcionar conmigo. Irremediablemente hago lo contrario una y otra vez y luego tengo que discurrir soluciones sobre la marcha para apagar los fuegos que van surgiendo. Eso sí, también diré que la necesidad de hacerlo bien, hace que te esfuerces el doble y aprendas a marchas forzadas.


En esta ocasión tengo que confesar que, salvo la masa de las galletas, (cuya fantástica y deliciosa receta podéis encontrar aquí), con el resto de los materiales, tenia poca o ninguna experiencia.

Si habéis visto otras galletas mías, suelo usar fondant para decorarlas, pues me parece mucho más cómodo y fácil, ya que apenas he experimentado con la glasa, salvo para unas galletas de navidad (siempre me da pereza). Es decir, que no recordaba a ciencia cierta cuál era la textura idónea para el outlining (delineado) ni cual la mejor para el flooding (relleno interior del delineado).

El primer problema con el que me encontré, fue la cantidad de galletas: 200. Siempre hay que hacer alguna más por lo que pueda pasar. Para empezar, no sabía ni cuando tenía que ponerme a prepararlas: si empezaba muy pronto, igual se estropeaban o se ponían duras (horror!) y si esperaba mucho igual no me daba tiempo... Es difícil planificar un proyecto que consta de varias fases, cuando ignoras cuanto tiempo debes emplear en cada una de ellas.

A todo esto, el tiempo en Madrid se puso en mi contra, con los días más calurosos de todos los tiempos, así que me imaginé que mi cocina estaba en el Caribe, sin aire acondicionado y listo.

Una vez horneadas todas las galletas (en varias tandas en distintos días), empecé a experimentar con la glasa. Gracias a los sabios consejos de los que tenéis más experiencia, me hice con dos recetas que recomiendo ciegamente y que pongo en los ingredientes: la primera de SweetSugarBelle y la segunda de mensajeenunagalleta.

Utilicé ambas, la de SugarBelle para el círculo de color verde aguamarina que cubre la galleta y la de mensajeenunagalleta para dibujar la flor de lavanda. Realmente lo hice para ver la diferencia y cualquiera de las dos sirve para todo. Solo difieren en que utilizan aparentemente diferentes ingredientes  pero que finalmente resultan ser los mismos. Lo explicaré en la elaboración de la glasa.

El remate de las bolitas, que queda muy resultón para una boda, lo utilicé para suplir mi inexperiencia con la manga, pues si tuviese la de SugarBelle, habría hecho un precioso remate con glasa blanca y me habría evitado pegar, de una en una, 11.600 bolitas aproximadamente. Sí, habéis leído bien. Y no, no las conté. El conocimiento del número se lo debo a mi amiga Elvira, que como buenísima contable, enseguida me puso al día de las bolitas que tendría que poner: naturalmente cuando le dije que eran unas 58 o 60 por galleta y me hizo el cálculo, entré en pánico, no tanto por el trabajo que supondría, sino por si tendría suficientes, pues me había llevado todo el stock de la tienda y en agosto con todo cerrado y sin tiempo ya para hacer pedidos por internet, me vería obligada a usar la manga y vete tú a saber qué podría salirme.

En cuanto al encaje, como no, también me ocurrió de todo. Como he dicho antes, está hecho con SugarVeil y claro está, fui a elegir uno de los modelos más finos y delicados. En el vídeo explicativo, como suele ocurrir en todos los vídeos, todo es facilísimo, pero luego las circunstancias de cada uno, son diferentes.

¿Y cuales fueron las mías? Pues creo que sin duda, la grandísima sequedad del clima de Madrid. Cuando se despega es una lámina flexible (si consigues despegarlo sin que se te rompa, claro). El problema está en que al poco tiempo se seca tanto que se convierte en la lámina más fina y quebradiza que he manejado nunca. Cortar los círculos sin romperlos, era poco menos que imposible. Si conseguías cortarlos, igual se rompían a la mínima al manipularlos antes de conseguir ponerlos sobre la glasa. Intenté en una ocasión poner el ventilador flojito y bueno, con la fuerza del viento, salían volando y el que tenía en la mano se partió en un instante, en fin una odisea. Por otra parte, también hay que tener cuidado al colocarlos sobre la glasa. Si está muy húmeda, el encaje se disuelve y si está muy seca, como la galleta con la glasa no es totalmente plana, no se puede pegar y al intentar apretarlo un poquito se rompe ... De nuevo ensayo-error-ensayo-acierto.



Y por último el miedo a estropear las galletas en el detalle final de hacer las flores de lavanda. En mi vida he dibujado nada con manga y encima era el detalle que más se iba a ver. 

Pues mira por donde, lo que más miedo me daba, fue lo que me resulto más fácil y divertido. Cogía una tanda de 24 (que son las que me cabían en la bandeja de un carrito que tengo) y les pintaba la ramita verde y luego volvía a la primera y hacía las bolitas moradas hasta formar la lavanda. Tengo que decir en este punto, que tuve la inmensa suerte de dar con la consistencia adecuada de la glasa, porque si no, no me habrían salido. De hecho en los ensayos previos me quedaron bastante peor. Por cierto, se dio la coincidencia de que los novios adornaron las mesas con lavanda, ¡qué casualidad y qué suerte la mía!

Para terminar, a pegar bolitas. Tampoco sabía muy bien con qué hacerlo, ni como iba a funcionar. Pánico de nuevo al pensar que igual se despegaban al envasarlas y todo el trabajo para nada. Pero también tuve suerte y aguantaron bastante bien. Utilicé sirope de maíz Karo, pincelando el círculo con un poquito de sirope y luego pegando las bolitas, a veces de una en una, y a veces conseguía coger cuatro incluso seis de una vez (las menos, claro).


Elaboración de la glasa real:
  1. Añadir los ingredientes secos primero. Utilizar las barillas para mezclar el azúcar y el polvo de merengue.
  2. Añadir el extracto (en mi caso de vainilla) al agua caliente y echarlo lentamente sobre el azúcar sin dejar de batir. Al principio parecerá muy líquido.
  3. Continuar batiendo a velocidad media alta hasta conseguir picos suaves y a punto de nieve, aproximadamente unos 7 - 10 minutos. Los tiempos son aproximados. 
  4. Hay que procurar no excederse en el batido y tener la precaución de no utilizar extractos que contengan aceites, pues la grasa es enemiga de la glasa.
  5. La glasa se conserva muy bien, al menos un mes, en la nevera, pero también a temperatura ambiente.
La consistencia inicial de ambas es apta para delineado, para una consistencia más fluida, añadir agua muy poco a poco, incluso con un pulverizador, hasta obtener la deseada.

La diferencia entre las dos recetas es que una lleva azúcar y polvo de merengue y la segunda lleva azúcar, albúmina y cremor tártaro. Es lo mismo, puesto que el polvo de merengue está formado de albúmina y cremor tártaro. Todo depende de lo que tengas en casa y te resulte más cómodo.

No me extiendo más en explicarlo, pues ambas recetas están en los enlaces.


En cuanto al envasado, también quedó precioso. Las fotos son del móvil, pero sirven para hacerse una idea. El diseño de la tarjeta y el círculo de ingredientes corrió a cargo de Le Papillon Gris, así como las fotos de esta entrada, como siempre (salvo las combinadas que son mías). También decidimos juntas el diseño final de la galleta.

Las galletas se envasaron individualmente en una bolsita de celofán y esta se metió dentro de una bolsita de organza de color marfil y fruncida con una cinta del mismo color, a la que se añadió una cinta de color aguamarina para sujetar las tarjetas y se remató con una pequeña flor artificial.

Y este fué el resultado final. Espero que os hayan gustado tanto como a los novios y a los invitados.  Ha sido una bonita experiencia y he disfrutado mucho haciéndolas. 

Cris y Agus, gracias por confiar en este gran proyecto, con el que he aprendido un montón!!


... a macarons de manzana verde


No, no, no, no son macarons de La Durée. El primero que probé de allí, cuando no había oído hablar de estos pequeños dulces, no me entusiasmó demasiado. La textura me pareció sorprendente pero el sabor excesivamente empalagoso para mi gusto. No recuerdo bien si era de vainilla, pero entre el dulzor de la concha y el relleno igualmente dulce, me hicieron pensar que por muy famosos que fueran no iban a ser santo de mi devoción. Pero mira por donde cayó en mis manos el de manzana verde y me pareció uno de los sabores más deliciosos que he probado y no he parado hasta conseguir algo parecido. Las cajas de La Durée son tan bonitas que no he podido resistir usarla para las fotos.

Como ya he dicho en otras ocasiones, no me gustan los dulces excesivamente empalagosos y me encanta el contraste dulce con un toque ácido. Por eso esta mezcla me parece absolutamente irresistible.

He estado pensando cómo hacer este post. Si dedicarme a explicar la receta sin más o ampliarla con algo más de información. A los que ya hayáis hecho macarons no os voy a aportar nada nuevo, salvo tal vez algún ingrediente y a los que queráis hacerlos por primera vez, quiero explicaros todo paso a paso para que el resultado sea espectacular. 

Como en todas las recetas encontraréis cantidad de formas diferentes de hacerlas, incluso publicaré otras, cambiando algún ingrediente aunque manteniendo la base que a mi particularmente mejor me funciona.

Por supuesto que estos no son los primeros que hago aunque si los primeros que publico y reconozco que alguna pasta y la receta de la que salió se han ido directamente a la basura.

Los primeros que hice fueron el resultado de mezclar varias recetas, lo cual te vuelve un poco loco y hace excesivamente complicada su elaboración, porque no tienes una idea clara del conjunto. Te hablan de procesos que no has hecho nunca y parece mucho más complicado de lo que realmente es. He comprado varios libros con mayor o menor acierto y finalmente he dado con el definitivo y en el que me voy a basar para dar todas las explicaciones, porque me parece absolutamente perfecto. El libro se llama MACARONS, de José Maréchal y lo mejor de todo es que se puede encontrar en español.


El macaron se divide en dos partes bien diferenciadas: las tapas y el relleno

LAS TAPAS: se forman con almendra molida, azúcar glas y clara de huevo por una parte y merenge por otra.
  • La almendra: utilizamos el polvo de almendras que proviene de moler almendras peladas. Debemos procesarlo con una cantidad aproximadamente igual de azúcar impalpable o azúcar glas. Al polvo resultante de esta mezcla lo llamaremos "tanto por tanto".
  • El azúcar impalpable o glas: se obtiene de moler muy fino el azúcar cristalizado al que que se le añade almidón para evitar que se compacte. Es la que se disuelve más rápido por la finura de sus gránulos.
  • La clara de huevo: está compuesta de agua y proteínas; la principal entre estas es la ovoalbúmina. Veréis que en esta receta he utilizado albúmina en polvo en vez de la clara de huevo tal cual.
La elaboración de las tapas tiene dos partes: la pasta de almendras y el merengue y la mezcla de ambas se llama macaronage. Y al tiempo de secado se le denomina croûtage.

La pasta de almendras: se hace mezclando el tanto por tanto (almendra molida + azúcar) bien tamizado  con clara de huevo sin batir hasta obtener una pasta bastante espesa. A esta pasta le incorporaremos el colorante deseado.

El merengue: claras batidas a punto de nieve a las que se les incorpora el azúcar. Puede ser francés o italiano.
  • Francés: con azúcar en frío, es más sencillo que el italiano pues no requiere la cocción delicada del azúcar. Sin embargo es más frágil, la preparación del macaronage debe ser mucho más precisa si queremos obtener tapas lisas y homogéneas en lugar de grumosas y quebradizas. La masa final puede quedarnos muy líquida o por el contrario muy espesa.
  • Italiano: es el que voy a utilizar y aunque es más complejo se logra una masa más tersa y sedosa. También permite hornearlos a temperatura más baja, por lo que se preserva mejor el color y brillo. Se hace incorporando un almíbar de azúcar a punto de bolita blanda (115 - 120ºC) a las claras batidas a punto de nieve. Si cocemos poco el almíbar el merengue será poco estable y si nos pasamos se apelmazará y será difícil incorporarlo a las claras. Por eso para mí es fundamental el uso de un termómetro de azúcar (unos 12 €) o en su defecto el digital de Ikea (unos 8 €). Con su uso el merengue italiano no tiene ninguna dificultad.
         El colorante que va mejor para esta receta es en pasta o gel, pues no modifica la textura.

El macaronage: o cómo incorporar el merengue a la pasta de almendras. Con una espátula blanda incorporamos primero una pequeña cantidad de merengue a la pasta de almendras para aflojarla un poco. Luego añadir el resto y mezclar con movimientos regulares, desde el fondo hacia arriba y desde los bordes hacia el centro del recipiente.
Consiste en trabajar la pasta para "romper" ligeramente el merengue (lo contrario a las recetas de soufflés o mousses, en las que hay que incorporar las claras delicadamente para preservarlas). La mezcla obtenida debe ser lisa, homogénea y semilíquida. No hay que pasarse con el batido, porque si la pasta queda demasiado líquida los macarons resultarán chatos y desprovistos de su famoso pie o collar.

El croûtage: o tiempo de secado mediante el que se crea una fina película seca y resistente en la superficie de las tapas. Durante la cocción se vuelve crocante. La humedad levanta la tapa sin quebrarla y hace que se forme el collar o pie en su base. El tiempo de croûtage o secado puede variar dependiendo de la temperatura de la habitación, por eso para comprobar que las tapas estén listas para poner en el horno, basta con rozar ligeramente con los dedos la parte superior de una de ellas: la pasta no debe adherirse al dedo. También lo notamos porque dejan de estar brillantes y pasan a estar satinadas.

EL RELLENO: puede ser con base de chocolate blanco o negro, con mantequilla o con frutas. A mí personalmente me gusta más con base de chocolate blanco, tanto por el sabor como por la textura, ya que la mantequilla se endurece demasiado en el frigorífico y no le aporta la humedad necesaria a las tapas para que estén blanditas por dentro y crujientes por fuera.

El primer criterio para medir la calidad de un chocolate es la cantidad de cacao. Cuanto mayor sea el porcentaje, contendrá menos azúcar y mejorará su sabor. En pastelería conviene utilizar un chocolate negro con al menos 55% de cacao. El chocolate fuerte con 60 - 75 % aporta un sabor más profundo y las preparaciones son más firmes, sobre todo en las ganaches. El chocolate con leche con al menos un 35% de cacao es excelente. En cuanto al chocolate blanco es más rico en manteca y azúcar y aporta una textura sedosa, ideal para rellenos con frutas o saborizadas. El ideal es con un porcentaje del 35 %, que es el que yo he usado de la marca Valrhona. Es difícil encontrar chocolates blancos con este porcentaje de cacao.



LA ELABORACION DE LAS TAPAS: 
  • Mezclar el azúcar glas con la almendra molida (tanto por tanto) a mano o con las cuchillas de un robot de cocina a velocidad baja. Tamizar bien la mezcla. Dos veces mejor que una.
  • Mezclar la albúmina con el agua hasta que se disuelva. La albúmina es la clara de huevo deshidratada, por lo que tenemos que volver a hidratarla para usarla. Es un invento genial porque al ser en polvo, tenemos clara de huevo cuando queramos y con una larga conservación.
  • Poner las dos mezclas juntas (almendra+azúcar y clara de huevo) en un bol y mezclar. Si es en la KA, poner la pala y unos 30 segundos a velocidad media.
  • Añadir el colorante y volver a mezclar hasta que se integre. El color debe estar fuerte en este punto, pues luego se aclarará bastante al añadir el merengue.
Ahora vamos a hacer el merengue italiano:
  • Ponemos en un cazo los 250 gr. de azúcar normal con los 110 ml. de agua y lo llevamos a ebullición sin mover primero hasta 105 ºC y finalmente hasta 115 ºC que será cuando estará listo.
  • Mientras esto sucede vamos batiendo las claras a punto de nieve. Como he utilizado albúmina en polvo, disolvemos los 7,5 gr. de albúmina con los 85 gr. de agua para formar las claras y empezamos a batir con las varillas a velocidad media. Las mezclamos batiendo a mano el agua con el polvo hasta que se integren.
  • Cuando el almíbar llegue a 105 ºC subimos a velocidad alta, el batido de las claras de manera que se monten y cuando la temperatura del almíbar llegue a 115 ºC, cortamos la cocción del almíbar y lo añadimos, bajando de nuevo la batidora a velocidad media y sin dejar de batir, a las claras montadas en un chorro lentamente.
  • Una vez totalmente incorporado seguir batiendo a velocidad alta hasta que el merengue esté tibio. El merengue se volverá brillante y al levantar el batidor se nos formará un pico. El merengue italiano está listo.
Ahora vamos a hacer el macaronage:
  • Añadir una pequeña parte del merengue a la pasta coloreada con movimientos envolventes para aflojarla un poco.
  • Seguir añadiendo el merengue como he explicado anteriormente: con movimientos regulares, desde el fondo hacia arriba y desde los bordes hacia el centro del recipiente, así hasta incorporarlo todo.




Ahora que ya tenemos la pasta la ponemos en una manga pastelera con una boquilla redonda lisa de unos 7 mm de agujero, más o menos. Yo utilizo una de plástico normalita.

¿Y cómo conseguir que nos salgan redonditos? Pues yo hago lo siguiente: tengo una hoja de papel de hornear del tamaño de la bandeja de horno, en la que con mucha paciencia he dibujado cinco filas de siete circulitos cada una de 3,5 cm de diámetro, que son los que caben en mi bandeja. Puedes hacerlos con un compás, con un vaso, con la parte ancha de una boquilla o con lo que se te ocurra, siempre que tenga el tamaño adecuado. 

No, no te agobies. No tienes que dibujar una hoja cada vez, pues para hacer los macarons pones otra hoja limpia de papel de hornear encima de la dibujada y como se transparenta, pues ya puedes ir rellenando los circulitos con la manga. La manga se pone perpendicular a la bandeja y casi en contacto con ella en el centro del círculo. Apretar sin levantarla hasta completar el círculo. 

Una vez completa la bandeja sujetamos el papel de arriba y deslizamos el de abajo hacia afuera. Damos unos golpecitos a la bandeja contra la mesa para asentar los macarons y quitar alguna burbujita y listo.

Ahora viene el croûtage:

Que no es ni más ni menos que dejar secar a temperatura ambiente las bandejas. Pueden ser unos 20 minutos o más, dependiendo de la temperatura y humedad de la habitación. Según se vayan secando veremos que el brillo se torna satinado y al pasar la yema del dedo ligeramente por encima, no se pega.

Y por último el horneado: horno a 140 ºC unos 14 ó 15 minutos. La temperatura es muy importante, por lo que si disponemos de un termómetro de horno, mejor que mejor. A 150 ó 155 ºC lo más probable es que se te agrieten por arriba y además se tostarán modificando su color original. Conviene estar con los ojos pegados a la puerta y a la mínima señal de que puedan agrietarse o tostarse bajar la temperatura. A mi a veces a 150 ºC ya se me rompen. Por eso uso termómetro. Este tiempo no sirve si usamos el tapete de silicona que ya tiene los círculos de los macarons. Tardan bastante más en hacerse. Yo personalmente prefiero el papel. El pié o collar del macaron empieza a formarse aproximadamente a los 3 minutos. Una vez listos dejar enfriar completamente.


LA ELABORACION DEL RELLENO: 
  • Trocear el chocolate blanco menudito o rallarlo y poner en un bol.
  • Calentar la nata con la pasta de manzana hasta que comience a hervir. Conviene que la nata tenga al menos un 33% de MG.
  • Volcar la preparación caliente sobre el chocolate y revolver bien con un tenedor para disolver y homogeneizar la ganache. Dejar enfriar a temperatura ambiente.
  • Cubrir con un film transparente por contacto, es decir tocando la superficie de la crema.
  • Meter en el frigorífico al menos 1 hora o mejor toda la noche, para que adquiera la consistencia adecuada. Cuanto más tiempo enfríe más se endurece. Yo prefiero hacerla la víspera.
  • Llenar una manga pastelera con la misma boquilla que para las tapas y proceder de igual modo: colocar la manga perpendicular en el centro de la tapa y apretar sin levantar hasta casi completar el círculo. Presionar ligeramente con la otra tapa y listo.


Bueno, listo, listo no. Ahora viene lo más difícil esperar un poco hasta comérselos. Me explico:
Las tapas están duras, por lo que nada más montarlas con la crema y formar el macaron, todavía no están para comerlos. Hay que dejar que la crema humedezca las tapas por dentro, de manera que consigamos que al morderlo nos quede blandito por dentro y crujiente por fuera.

Yo suelo rellenarlos por la tarde y los meto en un recipiente hermético en la nevera hasta el día siguiente. Luego los dejas un poco a temperatura ambiente antes de servir y están de empezar y no parar. Se conservan en frío entre 2 y 3 días, sobre todo porque no queda ninguno.

El proceso sería el siguiente:
  • Hacer la crema la víspera o por la mañana y refrigerar.
  • Al día siguiente o ese mismo día por la tarde hacer las tapas, rellenar y meter en la nevera.
  • Al otro día ya están listos para comer. 

Pues espero no haberos aburrido demasiado y que las explicaciones estén lo suficientemente claras como para que os animéis a hacerlos. Son mucho más fáciles de lo que parecen si seguimos bien las instrucciones. Si algo no ha quedado del todo claro o tenéis más preguntas, aquí estoy para contestarlas o modificar lo que haga falta.

Fotografías por Le Papillón Gris

... a biscotti al cioccolato


Todo lo que sale de este libro "Chocolate Moderno", está delicioso o como dicen ellos mismos en su portada "DELICIOSAS RECETAS QUE SALEN" y es que es verdad. Creo que sólo una de todas las que he hecho me dejó indiferente y no porque no saliera o no estuviera buena, no. Simplemente que hay otras que me gustan más.

Advierto antes de nada que como su nombre indica y al llevar doble cocción (bis-cotti) quedan duras. La receta es así. Ablándalas con una buena taza de té, café o un delicioso chocolate y acompáñalas como dicen sus autores de una buena conversación y el plato está servido.

La receta original lleva pistachos y no avellanas, pero como yo no suelo planificar lo que voy a cocinar, naturalmente no tenía, así que tiré de avellanas. Me hubiese gustado probarlas con pistachos, tienen que darle un toque diferente.

Los ingredientes no pueden ser más sencillos y casi todos los tenemos sin necesidad de ir a comprar nada.

Aunque la receta indica que salen 24 unidades, yo no recuerdo que me salieran tantas, o tal vez sí y es que desaparecieron demasiado rápido!! En cualquier caso dependerá del grosor con el que se corten.


Elaboración:
  • PRECALENTAR el horno a 170º
  • ENGRASAR y enharinar una bandeja previamente cubierta con papel de horno
  • BATIR los huevos con el azúcar y el cacao hasta que la mezcla quede homogénea
  • TAMIZAR la harina sobre la mezcla anterior y remover suavemente hasta que se incorpore
  • AÑADIR a la vez los pistachos enteros o las avellanas partidas por la mitad y el chocolate en trocitos y mezclar, intentando no batir excesivamente para no sobretrabajar la masa
  • DIVIDIR en dos mitades la masa cuando esté todo amalgamado 
  • PONER sobre la bandeja del horno y a cada mitad darle forma rectangular tipo chapata
  • HORNEAR 20 minutos hasta que la masa quede pálida y ligeramente cuarteada (ojo con el horno!!)
  • SACAR y dejar enfriar unos 10 minutos en rejilla
  • CORTAR rebanadas de 1 a 2 cm
  • PONER las rebanadas de nuevo en la bandeja y hornear unos 10 minutos dándoles la vuelta a los 5 minutos de cocción
  • ENFRIAR en rejilla y guardar en un envase hermético
Mi experiencia:

  • Yo no necesité dividir la masa en dos mitades. El trozo que formé no era muy grande.
  • Para ayudarte a darle forma a la masa, te puedes humedecer un poco las manos en agua. Este es un consejo del autor. A mí no me hizo falta
  • Creo que yo las dejé un poquito gruesas. Mejor algo más finas, como indica la receta, pero de nuevo: ojo con el horno!!
  • Y nada más, únicamente tienen un fallo: ¡se acaban enseguida!



Fotografías: Le papillon Gris
Del libro: "Chocolate moderno" de Pedro Álvarez y equipo PANCRACIO

... a pink bunny cookies


Lo del nombre en inglés, no lo he puesto por pijería, aunque pueda parecerlo, sobre todo porque mi inglés es de andar por casa y en zapatillas. Pero es que he estado pensando en cómo titular esta entrada en español y no me gustaba nada cómo sonaba.

A ver, pararos a pensar un momento: "galletas de conejitos rosas" (tremendo!!), "galletas de conejos rosas" (todavía peor!!) y es que tenían que ser rosas, pues tenía y tengo todavía un sobrante de fondant rosa de cubrir una tarta y como no he comprado cortador de "cerdito" todavía ... y el conejito que siempre me ha encantado me estaba llamando, pues fue el elegido.

Ya sé que la Pascua hace días que ha pasado, pero como yo trabajo por impulso, pues los pongo ahora. ¿O es que no podemos hacer huevos y conejitos fuera de temporada?

Voy a poner la receta de la masa de las galletas. Esta es distinta a la que puse en su día con las tacitas de porcelana, que por cierto me funcionó muy bien. Y si es así, ¿por qué la cambio?, pues os lo cuento a continuación.

Esta receta tengo que decir que me ha sorprendido muy gratamente, aunque ya se sabe, lo que le funciona a uno no tiene por qué irle igual de bien al otro. Así que mejor que cada uno decida.

Las galletas quedan muy tiernas, nada duras y sin embargo no se rompen al manipularlas. Llevan levadura (horror!! pensé, se van a hinchar y deformar), pero aún así las hice y oh! sorpresa, como podéis ver por las fotos, apenas han crecido en relación con el fondant, que está hecho con el mismo cortador. Y otra cosa que me hizo dudar de un buen resultado, pero que pensé: si funciona, ahorro un motón de tiempo y fue que no sólo NO necesitan enfriarse antes de hornear, sino que NO se aconseja hacerlo, pues modificaría la textura de la masa.


Los que las han probado dicen que estaban buenísimas (yo no cuento porque me gusta todo).

Como puede verse la decoración es sencilla a más no poder, solo fondant, chocolate y las bolitas para el rabito (no me apetecía hacer glasa solo para eso), por lo que si todavía no os habéis animado a hacer galletas decoradas, estas son ideales para empezar.


Elaboración de la masa

Muy importante: todos los ingredientes a temperatura ambiente.
  • Encender el horno a 200º C (ojo con la temperatura!!). Si tu horno no es digital, una buena inversión es usar un termómetro de horno. El mío que es normalito, calienta 10 grados más de lo que marca el termómetro.
  • Batir juntos la mantequilla y el azúcar hasta que esé bien integrado.
  • Agregar el huevo y el extracto elegido (2 cucharaditas de vainilla en mi caso) y mezclar bien.
  • Tamizar juntos la harina, levadura y sal e incorporar a la mezcla húmeda poco a poco hasta que esté bien incorporado. Comprobar que tenemos una masa compacta pero no pegajosa. Rectificar de harina si fuese necesario. Es preferible empezar con 400 gr y añadirle los 25 más si lo necesitamos. En mi caso 425 gr.
  • Amasar y cortar las galletas con la forma deseada, espolvoreando con un poquito de harina (yo lo amaso entre dos láminas de papel de horno o film transparente y así evito añadir más harina). Dejar de un grosor de unos 4 ó 5 mm (mejor no demasiado gruesas).
  • Hornear dejando mínimo un dedo de separación durante unos 5-10 minutos. (En mi caso, creo que 8 minutos la primera bandeja y un poco menos las siguientes). Sacarlas cuando la parte superior esté seca y mate en lugar de brillante. No dejar que se doren. Y no separarse del horno bajo ningún concepto. Quedarse vigilando como un búho!!
  • Salen unas dos docenas o dos docenas y media, con un cortador mediano.



Consejos:

  • Hacer la masa es bastante simple. Lo más importante es mezclar los ingredientes en el orden adecuado.
  • Cuando se mezcla la masa, va a ser suave pero no pegajosa. Una vez lista darle cinco o diez minutos antes de trabajar con ella. 
  • La autora NO recomienda, para aquellos que les gusta adelantar el trabajo,  refrigerar o congelar  esta masa porque cambia completamente el producto final. La masa fresca crea una cookie esponjosa, ligera, no grasa y con una extensión mínima (doy fé que efectivamente es así).   También dice que cuando se enfría, la masa se oscurece y se desmenuza al amasarla y la superficie de las galletas se agrieta en el horno (de esto no doy fé porque no lo he probado con esta masa).
  • Preparar el material que vamos a necesitar mientras la masa reposa (papel de horno, rodillo, espátula, cortadores de galleta, etc.
  • No hornear de más las galletas. Algunas recetas están diseñados para dar un poco de color. Esta receta pretende crear una galleta más ligera, más suave. Si buscas que quede dorada y crujiente, esta no es tu receta. (Palabras de la autora y la verdad es que la galleta se funde en la boca)
  • Normalmente el resultado final es una galleta plana y suave que hace una base maravillosa para la decoración.
  • Recién horneadas, las galletas serán un poco frágiles. Dejarlas enfriar al menos 4 horas, a veces más, antes de guardarlas en un recipiente hermético.
  • Es preferible esperar un día o dos antes de la decoración para reducir la posibilidad de que la grasa de la galleta cause manchas en la glasa. (En mi caso no hay problema pues están cubiertas con fondant). En cualquier caso y como todas las recetas, cada maestrillo tiene su librillo. 
  • El fondant ya estaba hecho, así que solo hay que amasarlo y pegarlo con un poco de ligeresa (margarina vegetal) a la galleta. Ojo, la cantidad de ligeresa es como si frotaras con el dedo untado la galleta. Que solo quede brillante, sin rastro de ligeresa. A mi me gusta que la capa de fondant sea lo más fina posible (siempre que se pueda manejar, claro) para no recargar mucho la galleta.
  • El adorno se hace simplemente con unas onzas de chocolate fundidas en el microondas. Hice un cucurucho de papel de hornear pequeñito con el agujero casi cerrado. Metí el chocolate y a decorar!!.
  • Para que se pegaran las bolitas del rabito utilicé "golden syrup", porque tengo una lata abierta. Pero podéis utilizar cualquier otra cosa que haga de pegamento comestible, claro, por ej. miel. Con un pincelito untado en sirope se hace el circulito y luego se dejan caer las bolitas sobre el sirope para que se peguen. Hacerlo sobre un cuenco o plato sopero si no queréis patinar más tarde sobre el suelo de la cocina.

A mi esta receta me ha funcionado muy bien y tengo intención de volver a usarla. Es una más de las miles que circulan por la red. Lo cual tampoco impide que en algún momento pruebe otra y os cuente (si lo aguantáis claro) qué tal resulta.






Fotografías: la peor yo y el resto Le Papillon Gris. Adivina cuál es la mía!!

... a tarta de arroz


Hace por lo menos 3 meses que la hice, pero recuerdo perfectamente el sabor y la textura de esta deliciosa y diferente tarta.

El sabor es el del arroz con leche aromatizado con limón y sin canela, porque no la lleva. La almendra le aporta un toque que recuerda a la tarta de Santiago y su textura es densa, nada similar al bizcocho, por lo que aunque no tiene su esponjosidad, el resultado no te deja indiferente. Sin duda la repetiré.


Si pongo que es para 8 personas o más es porque por el grosor, basta con tomar una ración pequeña, sin embargo puede que alguien quiera repetir y salgan menos de ocho raciones. Ya se sabe que el número de raciones es proporcional a lo deliciosa que esté la tarta en cuestión!


Elaboración:

  • Hervir 200 g. de arroz, en un litro de leche con una pizca de sal, hasta que se absorva todo el líquido.
  • Retirar del fuego y añadir el azúcar, las almendras crudas trituradas y la ralladura de la cáscara de un limón.
  • Dejar que la mezcla se temple y después añadir los cuatro huevos.
  • Remover bien la masa y verterla en un molde de 24 cm. de diámetro untado con mantequilla y espolvoreado con pan rallado.
  • Hornear a 200ºC durante 1/2 hora aproximadamente (depende del horno). La tarta estará lista cuando se forme sobre ella una fina costra dorada y al pincharla con una aguja o palillo, salga limpio.
Trucos:

Aunque tal y como está sale deliciosa, incluyo el truco que propone la autora para que esta tarta sea si cabe más sabrosa. Yo no pude probarlo porque carecía del ingrediente:

"Añadir al arroz dos (y no más de dos) amaretos desmigajados hacia el final de la cocción, antes de incorporar los demás ingredientes. ¡Imperceptibles pero irresistibles!"

Los amaretti (singular amaretto, de amaro, ‘amargo’ en italiano) son galletas presentes en todas las regiones de Italia hechas a base de pasta de almendra, elaborada con azúcar, clara de huevo, almendras dulces y amargas y huesos de albaricoque. También pueden incorporar especias, miel, leche, levadura y, especialmente en las variedades industriales, conservantes. (Wikipedia)





Fotografías: Le Papillon Gris
Origen de la Receta: MammaMia.  Edición de Cristina Bottari

... a aceitunas verdes fritas rellenas de carne


Cuando descubrí esta receta, no pude resistirme, primero por lo diferente y original que me pareció y después por averiguar si sería capaz de rellenar unas aceitunas con carne picada. ¿Cómo iba a meter la carne por un agujero tan pequeño? 

Tengo que decir que me han encantado. Me parece un aperitivo muy original. Yo no desvelé qué era lo que se estaban comiendo, pues parecían croquetas y dejé que lo adivinasen.

Tienen una textura especial, comenzando con el crujiente del empanado, después detectas el grosor de la aceituna gordal para terminar con el interesante relleno de carne y verduras.


Necesitamos, por supuesto aceitunas verdes dulces, tiernas y grandes como las de la variedad "gordal", que además de deliciosas por si mismas, tienen un hermoso agujero que nos va a permitir rellenarlas sin problemas.

Merece la pena ya que nos ponemos, hacer todas las que nos salgan, pues congelan estupendamente. Yo tuve que pedir que me compraran más, ya que me sobraba relleno para otra tanda. Casi me entretuve más en el rebozado que en rellenarlas, que creía que era lo que me iba a costar más.


Elaboración:

  • Preparar una sartén con un poquito de aceite de oliva. Sofreir la cebolla, la zanahoria y el apio muy picaditos hasta que estén tiernos.
  • Añadir la carne (en mi caso picada dos veces), el medio vaso de agua y el medio de vino y dejar reducir. Tapar la sartén y cocinar los ingredientes durante media hora o hasta que estén listos.
  • Incorporar a la mezcla un poco de parmesano rallado, una pizca de nuez moscada y la yema de huevo.
  • Si nos ha quedado un relleno muy gordo en relación con el tamaño del agujero de la aceituna, podemos triturarlo con un par de golpes en la thermomix o similar, con cuidado de no convertir el relleno en un puré (a menos que lo prefieras así). 
  • Rellenar las aceitunas
  • Una vez rellenas, rebozarlas en harina, en el huevo batido y en el pan rallado.
  • Freír en abundante aceite de oliva hasta que estén doraditas, escurrir sobre papel absorvente, salar y servir
Trucos:

En el momento de rellenarlas la imaginación de cada uno juega un papel fundamental. En mi caso se me ocurrió utilizar una manga pastelera de plástico y una boquilla redonda que entrase en el agujero de la aceituna y que permitiese pasar el relleno. Además conviene tener a mano un palillo, porque de vez en cuando se atasca con algún trocito de carne. En ese momento empujas con el palillo por el agujero de la boquilla y listo.

Este proceso es bastante rápido, pues no cabe mucho en cada aceituna, así que ya puestos, yo recomiendo tener muchas más de 20 aceitunas. Creo que compré a granel dos tarrinas grandes (alguna que otra me comí mientras las preparaba...)

Por supuesto, si no te gusta este relleno, que cada uno se invente el suyo, pues admiten multitud de combinaciones y la sorpresa está servida.


Fotografías: Le Papillon Gris
Origen de la Receta: MammaMia.  Edición de Cristina Bottari



... a huevo hilado


Con esta receta hago mi pequeña aportación para la ventana del 15 del Calendario de Adviento de Wholekitchen. Todavía estáis a tiempo de realizarla para adornar vuestras viandas Navideñas.

Antes que nada, quiero dar las gracias a Silvia (Trotamundos) de Food and Cook, porque sin saberlo y con su propuesta para participar en el Calendario, sacó a este blog de un pequeño letargo estival en el que estaba sumergido y que ya os conté hace un par de recetas. Ha sido un placer formar parte de este proyecto y mis felicitaciones a todos los que hasta ahora han participado por sus magníficas aportaciones.



Mi historia con esta receta es de hace más de 10 años, cuando mi media naranja, que también es cocinillas (aunque ahora menos que antes) se emperejiló en conseguir el reto de hacer huevo hilado. Así que ahí estuve yo, con el reto igualmente, de regalarle el dichoso hilador, que por aquel entonces no era nada fácil de conseguir. De hecho cuando entraba en las tiendas y preguntaba por el aparatito (que yo tampoco tenía muy claro como era), me miraban con cara extraña y me respondían con un ¿que quiere un qué... ? Finalmente creo recordar que lo compré en Alambique, aunque si no me equivoco la tienda estaba ubicada en otra calle de Madrid y no en la actual.  

Actualmente los veo en los escaparates de muchas ferreterías. Los hay de varios tamaños y pueden tener cuatro o cinco patitas-cono y el asa puede ser recta como la imagen de los "ingredientes" o tener forma de tazón como el mío. Cuanto más hondo sea, más yemas podrás meter y ya puestos en faena, mejor hacer cantidad.


TRUCOS:

Para envejecer este primer almíbar, tener una o dos yemas preparadas y echarlas lentamente sobre el almíbar sin el hilador, dejar que se cuajen y retirar. Ahora ya podemos empezar.

Cuanto mayor sea el diámetro de la cazuela, mayor recorrido tendremos para hacer nuestra madeja.

Conviene hacer las espirales despacito para que salga un hilo continuo de yema y no se corte, pues obtendríamos gotas en vez de hebras.

La altura del hilador, la vamos viendo: cuanto más alto esté, más finito sale, pero corremos el riesgo de que se corte la hiladura.

Otra forma de saber si el almíbar está en su punto justo, es que tiene que disolverse fácilmente en el agua. Si al meter una cuchara en el almíbar y después en agua fría no se disuelve sino que se solidifica, es que está demasiado espeso (no sirve) y debemos añadirle un poco de agua y llevar de nuevo a ebullición. Si no lo hacemos, nos quedará un pegote de huevo.

Hay que preparar un bol con agua un poco azucarada para echar el huevo nada más sacarlo del almíbar. Esto evitará que se nos peguen las hebras.

Puede ser útil, tener un palillo de brocheta o una aguja de hacer punto para desatascar algún cono del hilador que se haya obstruido. Yo no lo he necesitado, pero siempre lo tengo a mano por si acaso. Por supuesto tiene que caber por el agujerito del hilador.

Elaboración: (cuesta más escribirlo y leerlo que hacerlo)

Aunque es una receta muy fácil, la complicación radica en dar con el punto óptimo que tiene que tener el almíbar. Voy a intentar describirlo lo mejor posible.

Las Yemas: en primer lugar separamos con mucho cuidado las yemas de las claras, procurando que las yemas queden lo más limpias posible de clara. Es preferible tener tres recipientes: uno para las claras, otro para las yemas y el tercero en el que cascamos el huevo, por si se nos rompe alguna yema.

Una vez tengamos todas las yemas juntas, las rompemos y mezclamos sin batir y las pasamos por un colador, para desprendernos de cualquier membrana o impureza que pudiera quedar. Tapar con un papel film para que no se sequen y reservar.

El Almíbar: en un cazo grande y de poca altura, ponemos el agua junto con el azúcar y lo llevamos a ebullición no demasiado fuerte, moviendo hasta que se disuelva el azúcar. El punto que queremos conseguir con el almíbar es el de un almíbar ligero. Yo tomé la temperatura y marcaba entre 100 y 104ºC, pero lo mejor es probarlo (sin quemarse) en los dedos. Al poner unas gotas entre el pulgar y el índice y frotar los dedos, tenemos que sentir un tacto muy suave, como si fuese aceite o vaselina. Al juntar y separar los dedos, no tiene que hacer hebras. El color debe ser transparente sin caramelizarse, síntoma de que estaría demasiado hecho.

Cuando consigamos este punto suave ponemos el calor al máximo para que el almíbar haga multitud de pompas en la superficie de manera que no se vea el líquido, solo las pompas. Parece espuma. En ese momento nos colocamos el hilador en la palma de la mano, de forma que los agujeros queden totalmente tapados y echamos todas las yemas en el mismo. Si se hace entre dos, resulta más fácil. Lo levantamos sobre el almíbar hirviendo y vamos dejando que caigan los hilillos de yema a una altura de 5 ó 10 cm, haciendo espirales del diámetro de la cazuela y cuando ya tengamos una pequeña madeja nos colocamos el hilador sobre la palma de la mano, para que no se salga el huevo y dejamos que se cuaje el huevo que está sobre el almíbar. Es casi inmediato.

Con una espumadera recogemos las hebras y las echamos en un bol con agua fría (en el que habremos disuelto una o dos cucharadas de azúcar aunque podemos usar solo agua), sacándolas inmediatamente y dejándolas sobre un colador grande para que escurra el agua. Este proceso es importante, porque si no las bañamos en agua, las hebras se pegan entre si y nos quedará un pegote de huevo. Al mojarlas nos quedan sueltas y una vez que escurran ya podemos guardarlas. No conviene que estén a remojo mucho tiempo, pues perderían parte de su azúcar. Sólo sumergir y sacar.  Volver a poner el hilador sobre el almíbar y repetir hasta que se acaben las yemas. Ya tenemos nuestro huevo hilado!!

Tengo que decir que tuve que hacerlo dos veces, pues la primera no recordaba muy bien cual era el punto del almíbar, lo dejé demasiado espeso y el huevo se me quedaba hecho un pegote. También tengo que decir que lo hicimos entre dos, por lo que el proceso resultó mucho más sencillo: el que tiene la mano más grande se encarga del hilador (en mi mano los cinco conos caben por los pelos) y echa el huevo en el almibar y el otro se encarga de sacarlo, echarlo en el bol de agua fría y recogerlo de nuevo para pasarlo al escurridor.

SUGERENCIAS:

El huevo hilado va bien, tanto con carne como con pescado, siempre que guste la mezcla dulce-salado. Podemos preparar:
  • Rollitos de salmón, como los de la foto
  • Rollitos de jamón york o serrano
  • Una pata de jamón asada y caramelizada, acompañada de puré de manzana, la salsa de la carne, el huevo hilado y unas ciruelas pasas y orejones ...
  • Un pavo de navidad, etc...

Fotografías, diseño y montaje del cuadro de ingredientes: Le Papillon Gris, sin la cual este blog no sería lo mismo.
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